Eneida
Eneida y he luchado cuerpo a cuerpo con él. Creedle a quien lo tiene bien probado.
¡Qué arrollador salta tras de su escudo! ¡Qué ímpetu de turbión,
285 cuando vibra su lanza! Si la tierra del Ida hubiera dado otros dos como él,
los dárdanos hubieran atacado las mismas plazas de ínaco[384]
y, cambiado el destino, le tocaría a Grecia ahora llorar.
Todo el tiempo perdido ante los muros de la terca Troya
se debió al brazo de Héctor y de Eneas, que frenó la victoria de los griegos
290 y retrasó diez años su llegada. Los dos destacan en bravura,
los dos por el empuje de sus armas.
Eneas le aventaja en el culto a los dioses y en amor a los suyos.
Unid en alianza vuestra diestra a la suya si os es dado
y guardaos de enfrentaros con ellos en batalla».
Ya has oído, buen rey, lo que responde Diomedes y también lo que piensa
295 de esta terrible guerra». Apenas la embajada deja de hablar,