Eneida
Eneida construyamos con roble itálico para ellos veinte naves
o tantas como sean capaces de llenar —hay madera abundante junto al mar—.
Que ellos digan el número y modelo. Nosotros les pondremos el bronce,
mano de obra y astilleros. Es mi gusto además que vayan cien legados
330 de las más nobles familias del Lacio a transmitirles el mensaje
y trabar alianza; con los ramos de paz bien altos en las diestras,
llevándoles en don talentos de oro y de marfil
a la par que la silla y la trábea[386],
emblemas de realeza entre nosotros. Dadnos franco consejo,
335 acudid a auxiliar nuestra causa que se arrumba».
Entonces se alza Drances, hostil a Turno como siempre —el renombre del rútulo
le hurga con los amargos aguijones de su furtiva envidia—,
largo en dádivas, presta la lengua pero frÃo su brazo en el combate.
340 Su consejo pesaba en la asamblea, poderoso agitador.
La alcurnia de su madre daba viso a su sangre,