Eneida
Eneida en las ciudades tirrenas. Contenta ella con ser sólo de Diana, intacta rinde culto
de por vida a su amor por las armas y la virginidad.
585 ¡Ojalá no se hubiera lanzado a semejante guerra
ni intentado atacar a los teucros!
SeguirÃa siendo mi preferida y una de las muchachas de mi escolta.
Pero como el rigor de los hados acedos va apremiándola,
¡ea! ninfa, deslÃzate del cielo y preséntate en los campos del Lacio
donde se está trabando triste lucha de funesto presagio.
590 Toma estas armas, saca del carcaj la saeta vengadora. El que llegue a violar
con una herida ese cuerpo sagrado —lo mismo si es troyano que si es Ãtalo—
me pagará su crimen con su sangre.
Después yo misma me llevaré en el cuenco de una nube
su cuerpo y la armadura intacta de la desventurada hasta su tumba
y haré repose allà en su tierra patria[392]».
595 Dice y entre un son de armas la ninfa se desliza de la altura del cielo