Eneida
Eneida por las delgadas auras en los pliegues de un negro torbellino.
Entre tanto se acercan a los muros tropeles de troyanos y los jefes etruscos
y con ellos su cabalgada entera ordenada en parejos escuadrones.
Relinchan rebrincando los corceles por toda la llanura y giran cabeceando
600 y se resisten a las tensas riendas. El campo a la redonda se eriza con la mies
de las ferradas lanzas y el llano centellea con las enhiestas armas.
Avanzando a su encuentro Mesapo y los veloces latinos,
y Coras y su hermano,
y el escuadrón que manda la doncella Camila aparecen enfrente por el llano
605 Echando atrás la diestra se adelantan con las lanzas. Vibran las jabalinas.
Al acercarse crece más y más el ardor de los hombres
y el relinchar de los corceles.
Ya habían detenido su carrera unos y otros a un tiro de dardo. Alzan de pronto
un griterío y espolean sus furiosos caballos. Disparan a la par de todas partes