Eneida
Eneida 905 y remonta la cumbre y deja atrás la fronda de la umbría
y con todas sus tropas avanzan uno y otro hacia los muros
y ya no distan largo trecho entre sí. En el instante mismo
en que Eneas otea la llanura y ve los escuadrones laurentinos,
910 ya Turno reconoce la presencia de Eneas por la feroz pujanza de sus armas
y percibe el avance de los pasos y siente el resollar de los corceles,
y en aquel mismo punto trabaran ya combate
y probaran su suerte en la contienda
si no fuera el momento en que el rosado Febo baña en el mar de Iberia[398]
sus fatigados potros y hace volver la noche al declinar el día.
915 Plantan sus campamentos frente a la ciudad
y los cercan con una empalizada.