Eneida
Eneida No me era permitido el enlace de mi hija con ninguno
de aquellos pretendientes anteriores. Eso era lo que todos
los dioses y los hombres predecían. Vencido del amor que por ti siento,
vencido por la sangre[401] que nos une y por las lágrimas de mi angustiada esposa
30 rompí todos los vínculos; al que iba a ser mi yerno[402] le quité
la hija que le tenía prometida y emprendí impía guerra.
Desde entonces estás viéndolo, Turno, por ti mismo qué riesgos,
qué desastres guerreros, qué pesada la carga que soportas tú primero que nadie.
Por dos veces vencidos en batalla campal, apenas si podemos amparar
35 la esperanza de Italia en estos muros. Aún fluye la corriente del Tíber
caldeada por nuestra propia sangre
y en el ancho haz del llano albean todavía nuestros huesos.
¿A qué me vuelvo atrás tantas veces? ¿Qué locura me cambia el pensamiento?
Si a la muerte de Turno estoy dispuesto a aceptar a los teucros como aliados,