Eneida
Eneida le encubra en una nube[403] y si trata de ocultarse en la sombra será en vano».
Aterrada la reina por el giro impensado de la guerra,
55 llorando tiene asido a su impetuoso yerno, decidida a morir[404]:
«¡Turno!, por estas lágrimas, por respeto hacia Amata, si alguno siente tu alma,
tú, la única esperanza, tú, el único descanso de mi triste vejez
—en tus manos está el prestigio y el poder de Latino,
en ti se apoya toda esta casa nuestra que vacila—,
60 esto sólo te pido: desiste de luchar contra los teucros;
la suerte que te aguarda en esa lucha
también a mí me aguarda, Turno; contigo dejaré esta odiosa luz,
no voy a ver, cautiva, a Eneas convertido en yerno mío».
Lavinia oye las quejas de su madre inundadas de lágrimas las ardientes mejillas
65 que un intenso rubor abrasa y se difunde al punto por su rostro encendido.
Como cuando se tiñe el índico marfil con el rojo de sangre de la púrpura[405]