Eneida
Eneida o el albor de los lirios se arrebola entre la grana de abundantes rosas,
así eran los colores que lucía la muchacha en el rostro.
70 Turno, agitada el alma de amor, clavando en la muchacha la mirada
arde cada vez más en ansias de pelea. Da esta breve respuesta a Amata:
«No me despidas, por favor, con lágrimas ni presagios tan funestos, madre,
ahora que voy a una guerra despiadada. No tiene el poder Turno
75 de retardar la muerte[406]. Tú, sé mi heraldo, Idmón,
y llévale al rey frigio este mensaje que no le va a ser grato:
al punto en que la Aurora mañana encienda el cielo
sobre su carro de purpúreas ruedas,
que no mande a sus tropas a luchar con los rútulos,
que descansen las armas de teucros y de rútulos.
Decidamos la guerra los dos con nuestra sangre.
80 Que se juegue y se gane sobre el campo la mano de Lavinia».