Eneida
Eneida De ello partió mi ruina, de ello empavorecerme Ulises de continuo
con nuevas delaciones y difundir diversos rumores por los corros
y maquinar consciente de su crimen las trazas de perderme.
100 No descansó por cierto hasta que con la ayuda de Calcante[25]…
Pero ¿a qué os entretengo? Si a todos los aqueos los medís con el mismo rasero,
os basta con oír lo que os he dicho. Castigadme. Estáis tardando ya.
Eso querría el de Ítaca, y los hijos de Atreo
seguro que os lo pagan a buen precio».
105 Entonces sí que ardemos en ansias de saber y de inquirir la causa,
ajenos como estábamos a tan grande maldad y a la astucia pelasga.
Prosigue él tembloroso y declara celando su falsía:
«Muchas veces desearon los griegos emprender la retirada
abandonando Troya, y alejarse cansados de lo largo de esta guerra.
110 ¡Ojalá se hubieran ido! Pero la furia del mar tempestuoso
una vez y otra vez les cerraba la salida