Eneida
Eneida 110 y consuela a su Julo entristecido y desvanece su temor
revelando el designio de los hados.
Despacha mensajeros que le lleven precisa respuesta al rey Latino
y declara los términos del pacto.
Apenas asomaba el nuevo día esparciendo su lumbre por la cima de los montes,
cuando empiezan a alzarse de lo hondo del océano los corceles del sol
115 soplando por las fosas de su erguida nariz ondas de luz,
ya han salido rútulos y troyanos a medir el palenque para el duelo
al pie de la muralla de la gran ciudad. En medio preparaban fogariles
y altares de césped a los dioses que adoran en común.
120 Prestes vestidos de briales listados de púrpura, las testas ceñidas de verbenas,
iban portando el agua y el fuego. Las primeras en salir son las tropas ausonias.
Desemboca por las puertas el raudal de escuadrones armados de venablos.
Irrumpe de otro lado el ejército entero de teucros y tirrenos
125 con sus variadas armas, equipados de hierro,