Eneida
Eneida 140 Júpiter, el supremo rey del cielo, le otorgó este sagrado valimiento
por la virginidad que robó a la muchacha.
«Ninfa, gala de ríos, para mi corazón la más querida,
tú que sabes cómo te he preferido
entre todas las muchachas del Lacio
que han ascendido sin recompensa al tálamo
145 del magnánimo Júpiter, cuán a gusto te he dado un lugar en el cielo,
conoce la desgracia que te espera, Juturna, y no me culpes.
Pues mientras la fortuna pareció consentirlo, mientras iban las Parcas
dejando prosperar el estado del Lacio, di protección a Turno y tu ciudad.
Ahora veo que el príncipe se enfrenta con desigual destino. El día de las Parcas
150 y del poder malévolo se acerca.
No podrían mis ojos presenciar esa lucha y ese pacto,
pero si tú te atreves a emprender algo más eficaz en favor de tu hermano,
hazlo, que es conveniente. Quizá a vuestra desgracia sigan días mejores.»
Apenas deja de hablar, rompen en lágrimas los ojos de Juturna,