Eneida
Eneida la cabeza del reino de Latino, a menos que se avengan a aceptar nuestro yugo
y sometérsenos dándose por vencidos, la arrancaré de cuajo, a ras de suelo
dejaré sus tejados humeantes. ¿Voy a estar aguardando, por lo visto,
570 a que Turno guste de consentir en pelear conmigo y a que quiera
volver a combatir ese vencido? Allí está la cabeza,
allí la clave de esta guerra nefanda,
compañeros de mi ciudad. Traed teas, a prisa. Reclamad a fuego lo pactado».
Deja de hablar. Porfían todos con el mismo ardor. Y formando una cuña
575 cargan contra los muros en apiñada mole. De improviso aparecen las escalas
y se alzan llamaradas al instante.
Unos corren a las distintas puertas y despedazan
a los primeros guardas. Otros vibran su hierro
y oscurecen el cielo con sus armas.
El propio Eneas en vanguardia adelanta la diestra hacia los muros.
Reprocha a grandes voces a Latino
580 y pone por testigos a los dioses de que le fuerzan a luchar de nuevo,