Eneida
Eneida 710 y queda libre el llano avanzan raudos y arrojando las lanzas
se acometen y al choque resuenan los broqueles.
La tierra da un gemido. Redoblan sus golpes las espadas.
El azar y el valor se funden en el giro de la lucha.
715 Igual que allá en el bosque del espacioso Sila o en lo alto del Taburno[426]
al punto en que dos toros se embisten en pelea encarnizada, testuz contra testuz,
se retiran medrosos los vaqueros; en pie, todas las reses están mudas de pavor,
las novillas mugiendo aguardan cuál será el señor del bosque,
720 al que le siga la vacada entera; ellos con fiero empuje se desgarran a heridas
y se clavan topándose los cuernos, la sangre va bañándoles a chorros
cuello y brazos. Al eco de sus mugidos va mugiendo el bosque.
Así el troyano Eneas y el héroe daunio[427] entrechocan luchando sus escudos.
725 El imponente estruendo llena la cima del aire. El mismo Júpiter mantiene
la balanza en el fiel y pesa en ella los diversos destinos de uno y otro