Eneida
Eneida por ver a quién va a ser funesto aquel combate,
a quién se inclina el peso de la muerte.
Turno en esto da un salto creyendo favorable la ocasión, se yergue
cuanto da de sí su cuerpo y con la espada en alto le asesta un golpe.
730 Gritan los troyanos y las desazonadas tropas de los latinos.
Unos y otros se empinan volviéndose hacia allí. Mas la espada traidora
salta rota desamparando a medio golpe a su ardoroso dueño
ya sin otro recurso que la huida.
Huye más rápido que el Euro[428] al momento en que ve aquella empuñadura
que desconoce entre su diestra inerme. Cuentan que desalado,
735 cuando montó primero en los corceles ya uncidos para entrar en combate,
se olvidó de la espada de su padre y azorado echó mano del acero
de su auriga Metisco, y que éste le bastó largo tiempo, mientras iban huyendo
los teucros desbandados. Pero cuando hubo de enfrentarse
con las armas forjadas por Vulcano, la hoja, obra de mortal,