Eneida
Eneida 755 recruje sus quijadas y se engaña y dentellea el aire.
Entonces sí que se alza un griterío. Riberas y lagunas
van repitiendo en derredor el eco. Retumba con sus gritos todo el cielo.
Huye Turno entre tanto y mientras huye increpa a todos sus rútulos
llamando por su nombre a cada cual,
clamando por su espada que le es bien conocida.
760 Eneas por su parte conmina con la muerte, con acabar en aquel mismo instante
con quien se acerque y aterra a los medrosos aún más con la amenaza
que repite de arrasar la ciudad. A pesar de su herida ya apremia a su rival.
Cinco vueltas dan rodeando el campo en su carrera y otras cinco volviendo
sobre sus pasos en sentido opuesto, pues lo que se disputa no es el premio
765 baladí de unos juegos. Combaten por la sangre, por la vida de Turno.
Había allí, por suerte, un olivo silvestre de amargas hojas consagrado a Fauno[430],
venerado en otro tiempo de los hombres del mar, que acostumbraban,