Eneida
Eneida del templo consagrado y matando a los guardas de la alta ciudadela
arrebataron la sagrada imagen y con las manos tintas en sangre se atrevieron
a mancillar las ínfulas de la diosa doncella; desde aquel mismo instante
comenzó a decaer y fue retrocediendo la esperanza que alentaban los dánaos,
170 se quebrantó su fuerza y les volvió la espalda el favor de la diosa.
Y dio señales de ello Tritonia con portentos no dudosos.
Apenas colocaron la estatua en los reales, brotaron de sus ojos tensos de ira
llamas centelleantes y un sudor salado fue fluyendo por sus miembros.
Y tres veces —maravilla decirlo— resplandeció elevándose por sí misma del suelo
175 con su lanza y su escudo tremante. Al momento Calcante vaticina
que es forzoso que intenten la huida por el mar
y que no podrá ser deshecha Pérgamo por las armas argivas
a menos que consulten en Argos los auspicios[27]
y que se hagan de nuevo con el favor divino
que portaron antaño por el mar en sus corvos navíos.