Eneida
Eneida de mi empeño y no pueda alejar de Italia al rey troyano!
Los hados sin duda me lo impiden.
Pero Palas logró incendiar la armada de los de Argos
40 y hundirlos en las olas por culpa de uno solo, del frenesí de Áyax, hijo de Oileo[3].
Ella desde las nubes lanzó el rayo de Júpiter y dispersó las naves
y encrespó con los vientos la lámina del mar y mientras Áyax borbotea llamas
del hondo de su hendido pecho, ella lo arrebata en un turbión
45 y lo clava en el pico de una roca. Y yo que me presento como reina
de los dioses, yo la hermana y la esposa de Júpiter,
llevo ya tantos años guerreando contra un pueblo.
¡Y hay todavía quien adora el divino poder
de Juno y quien impone humilde sus ofrendas en su altar!»
50 Así atizaba Juno en la hoguera de su alma su rencor camino a Eolia,
solar de los nublados, morada de los vientos furibundos.
