Eneida
Eneida y los dolos mirmidones. Los troyanos esparcidos en torno a la muralla
se han sumido en silencio. El sopor va oprimiendo sus miembros fatigados.
Ya la falange argiva desde Ténedos en formación las naves avanzaba
255 entre el silencio amigo de la velada luna, proa a la conocida ribera,
cuando la nave real da al aire su almenara, y Sinón protegido
por el hostil designio de los dioses, a escondidas, descorre las compuertas de pino
a los dánaos ocultos en su vientre. Y el caballo de par en par abierto
260 los devuelve a los aires y del cóncavo roble gozosos se deslizan
por la cuerda tendida Tesandro con Esténelo, el par de capitanes,
y el despiadado Ulises, Acamante y Toante, Neoptólemo el nieto de Peleo,
y el guía Macaón y Menelao y el mismo Epeo, tracista del engaño.
265 Invaden la ciudad hundida en sueño y vino,
dan muerte a los guardianes y, francas ya las puertas, van acogiendo a todos
sus camaradas y unen las tropas como habían concertado.