Eneida
Eneida a la lucha y en ciega lid resisten». Las palabras del hijo de Otris
y el designio de los dioses me llevan en medio de las llamas y las armas,
allá donde me incita la Furia[37] vengadora,
donde los alaridos y los gritos que se alzan hasta el cielo.
Entonces, avistados a la luz de la luna, se me juntan
y forman compañía a mi lado Ripeo a una con Epito, el de sin par pujanza
340 en los lances de guerra, Hípanis y Dimante y el hijo de Migdón, Corebo el mozo[38],
que aquellos mismos días había por azar venido a Troya
ardiendo en loco amor hacia Casandra, y como yerno ya,
prestaba ayuda a Príamo y a los frigios. ¡Desventurado de él
345 por haber desoído la voz de su adivina prometida!
Cuando los vi en cerrada formación ávidos de pelea les hablo así:
«¡Mis hombres, corazones en vano valerosos!
Si tenéis el deseo decidido de seguirme hasta el último trance,
350 ya veis qué suerte aguarda a nuestra causa.