Eneida
Eneida bien merecí caer a manos de los dánaos.
435 Nos arrancan de allí, conmigo Ífito y Pelias, Ífito tardo ya
por los años, Pelias premioso el paso a causa de una herida de Ulises.
En seguida nos llama el griterío al palacio de Príamo.
Allí sí que la lucha es imponente, como si no existiera ninguna otra
y no hubiera más muertes en toda la ciudad. Tan indomable vemos allí el furor de Marte,
440 y a los dánaos lanzándose al tejado y acosando el umbral
bajo los manteletes del escudo. Acomodan escalas a los muros y van trepando
ante los mismos postes de las puertas, y con la mano izquierda
oponen el amparo del escudo a los dardos y la diestra va asiendo los remates.
445 Por su parte los dárdanos arrancan las torres y el tejado cubierto
del palacio y con ello por dardos —ven su fin inminente— se aprestan
a defenderse en trance ya de muerte. Van haciendo rodar dorados artesones,
ornato esplendoroso de vetustos antepasados. Otros, desenvainadas las espadas,