Eneida
Eneida 520 —prorrumpe—. ¿Dónde vas a lanzarte tan aprisa?
No, no es esa la ayuda ni la clase de defensa que el momento requiere,
no, aunque estuviera aquà mi Héctor presente. Ven, retÃrate aquÃ.
Este altar va a amparamos a todos o morirás aquà junto a nosotros».
525 Dijo y se atrajo al anciano hacia sÃ
e hizo que se sentara en el sagrado asiento.
Pero en esto escapando de la espada de Pirro,
entre dardos, en medio de enemigos
Polites, uno de los hijos de PrÃamo, va por los largos pórticos huyendo
y cruza herido los vacÃos corredores. Pirro furioso le va pisando los talones
530 anhelante de herirle. Ya, ya lo tiene a mano, ya le acosa con su lanza.
Cuando logra llegar delante de los ojos y el rostro de sus padres
cae y vierte la vida entre un raudal de sangre.
Entonces PrÃamo, aunque cogido ya entre la prieta garra de la muerte,
no se arredra, ni frena su voz ni frena su ira.
535 «Por tu crimen —prorrumpe—, por tan horrenda acción,