Eneida
Eneida si hay justicia en el cielo que repare este daño,
que los dioses te den las gracias que mereces
y te lo recompensen con la merced debida, que has hecho que yo viera
la muerte de mi hijo ante mis ojos y has mancillado el rostro
de su padre con su muerte. No, no procedió así con su enemigo Príamo
540 el celebrado Aquiles, de quien tú sin verdad blasonas ser nacido.
Le avergonzó violar el derecho y la fe debida al suplicante
y me devolvió el cuerpo exangüe de mi Héctor
para que lo enterrara y me mandó a mi reino[46]».
Habló el anciano así y disparó sin brío su lanza inofensiva
545 que, rechazada al punto, rebotó con un sordo estridor en el escudo
y se quedó colgando inútil en la punta del pomo del broquel.
«Pues dale cuenta de esto —replica Pirro—, ve con el mensaje
a mi padre, el hijo de Peleo. No dejes de contarle mis nefandas acciones