Eneida
Eneida Me imaginé a Creúsa abandonada, saqueada mi casa y el destino de mi pequeño Julo.
Me vuelvo y voy buscando con los ojos la gente en torno a mí.
565 Todos rendidos habían desertado de mi lado; lanzándose de lo alto
habían dado en tierra con sus cuerpos o impotentes se habían arrojado a las llamas.
Ya quedaba yo solo cuando veo a la hija de Tíndaro[49]
que estaba vigilando la entrada en el templo de Vesta,
amparándose a ocultas en el sacro recinto. Las llamas del incendio
570 me dan luz según voy caminando sin rumbo,
dirigiendo a mi paso la mirada hacia todo.
Ella, Furia común a Troya y a su patria, ser odioso,
temiendo a los troyanos enojados con ella, por la ruina de Pérgamo
a par que la venganza de los dánaos y la cólera de su esposo abandonado,
a ocultas en cuclillas permanecía al lado del altar.
575 El alma me ardió en ira. Se apoderó de mí un furioso deseo