La Eneida
La Eneida 720
Dicho esto, me pongo una tela sobre mis anchos hombros
y el cuello agachado y encima la piel de un rubio león,
y tomo mi carga; de mi diestra se coge
el pequeño Julo y sigue a su padre con pasos no iguales;
detrás viene mi esposa. Avanzamos por ocultos caminos
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y hasta el aire me asusta ahora a mí, a quien todos los griegos
juntos enfrente ni todas sus flechas podían dar miedo,
cualquier ruido me alerta de igual modo
temiendo a la vez por mi compañero y por mi carga.
Y ya estaba cerca de la puerta y parecía todo el camino
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haber salvado cuando de repente el sonido repetido