La Eneida
La Eneida nuera que soy de la divina Venus y Dardánida;
me deja en estos lugares la gran madre de los dioses.
Adiós ahora, y guarda el amor de nuestro común hijo."
Luego me dijo esto, me abandonó llorando y queriendo
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hablar aún mucho, y desapareció hacia las auras sutiles.
Tres veces intenté poner mis brazos en torno a su cuello,
tres veces huyó de mis manos su imagen en vano abrazada,
como el viento ligera y en todo semejante al sueño fugitivo.
Así por fin, consumida la noche, vuelvo con mis compañeros.
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"Y encuentro allí asombrado que una gran muchedumbre
de nuevos amigos había acudido, mujeres y hombres,
la juventud reunida para la marcha, una gente digna de lástima.