La Eneida
La Eneida 80
se presenta; reconoció en Anquises al viejo amigo.
Juntamos nuestras diestras como hospitalidad y en la ciudad entramos.
"Veneraba yo los templos del dios erigidos en un viejo peñasco:
"Concédenos, Timbreo, una casa propia; concede a los fatigados
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unas murallas y una estirpe y una ciudad perdurable; salva la nueva
Pérgamo de Troya, los restos de los dánaos y del cruel Aquiles.
¿A quién seguimos o a dónde nos mandas ir? ¿Dónde establecernos?
Danos, padre, una señal y métete en nuestros corazones:"
Apenas había acabado de hablar: todo me pareció temblar de pronto,
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los umbrales y el laurel del dios, y el monte entero