La Eneida
La Eneida piden los compañeros que Creta busquemos y a nuestros padres.
Nos empuja un viento que se levanta a nuestra popa,
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y llegamos por fin a las antiguas costas de los curetes.
Así que ansioso levanto los muros de la ciudad deseada
y Pergámea la llamo y a mi pueblo contento con el nombre
lo animo a amar sus hogares y a elevar el alcázar sobre los tejados
Y ya las naves estaban varadas en una playa casi seca,
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la juventud entregada a nuevos campos y nuevos matrimonios,
y les daba leyes y casas, y he aquí que de pronto nos vino encima
una peste horrible para los cuerpos y para árboles y sembrados