La Eneida
La Eneida miserable y un año de muerte desde una envenenada región del cielo.
Dejaban sus dulces almas o enfermos se arrastraban
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los cuerpos; Siro además abrasaba los estériles campos,
se sacaban los pastos y una mies enferma nos negaba el sustento.
De nuevo a recorrer el mar, al oráculo de Ortigia y a Febo,
me exhorta mi padre y a suplicar su venia,
qué fin dispone a estas desgracias, dónde nos ordena
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buscar el remedio a nuestras fatigas, a dónde dirigirnos.
"Era la noche y el sueño en la tierra se habÃa adueñado de los animales.
Las sagradas imágenes de los dioses y los frigios Penates
que sacara conmigo de Troya en medio de incendio