La Eneida
La Eneida cae el áncora de la proa, se yerguen las naves en la playa.
Y así, tomando al fin posesión de una tierra no esperada,
nos purificamos con sacrificios a Jove y quemamos ofrendas en los altares,
y celebramos con juegos de Ilión las costas de Accio.
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Realizan los patrios ejercicios con lábil aceite
los compañeros desnudos. ¡Qué bien haber escapado de tantas ciudades
argivas y haber logrado huir entre los enemigos!
El sol entretanto recorre el círculo de un largo año
y el glacial invierno pone ásperas las olas con los Aquilones.
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Un escudo de cavo bronce, prenda del gran Abante,