La Eneida
La Eneida cuelgo en las puertas y pongo en recuerdo este verso:
ENEAS DE LOS DÁNAOS VICTORIOSOS ESTAS ARMAS;
ordeno luego dejar el puerto y sentarse en los bancos.
Compiten mis compañeros en herir el mar y surcan sus aguas;
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perdemos en seguida de vista los aéreos alcázares de los feacios
y seguimos la costa del Epiro y entramos en el puerto
caonio y llegamos a la elevada ciudad de Butroto.
"Llega aquí un rumor de historias increíbles a nuestros oídos.
Héleno, el hijo de Príamo, reinaba sobre ciudades griegas,
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dueño y señor de la esposa y del trono del eácida Pirro,
y Andrómaca había pasado de nuevo a un marido de la patria.
Me quedé atónito, encendido mi pecho con un ansia tremenda