La Eneida
La Eneida 310
hijo de la diosa? ¿Vives? O si es que se apagó la luz de la vida,
¿dónde está Héctor?" Dijo, y lágrimas derramó y todo
el lugar llenó de sus gritos. Enloquecida, poco puedo
ofrecerle y turbado dejo escapar unas palabras:
"Vivo ciertamente, y arrastro mi vida por peligros extremos;
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no dudes, que es verdad cuanto ves.
¡Ay! ¿Qué ha sido de ti desde que la desgracia te apartó de marido
tan ilustre? ¿Te ha contemplado por fin fortuna merecida,
Andrómaca de Héctor? ¿Sigues siendo la esposa de Pirro?"
Bajó los ojos yhabló con voz apagada: