La Eneida
La Eneida en el centro de la sala libaban las copas de Baco
con las viandas ofrecidas en oro y páteras sostenían.
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"Y así pasó un día y otro día pasó, y las brisas
llaman a las velas y se hincha el lino del túmido Austro.
Con estas palabras me acerco al vate y así le pregunto:
"Hijo de Troya, intérprete de los dioses que los designios sientes
de Febo, los trípodes del Clario y su laurel, y las estrellas
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y el lenguaje de las aves y los auspicios de su vuelo.
Habla, ea (pues todas las señales divinas favorables se mostraron
a mi camino y los dioses todos me persuadieron con su numen
a buscar Italia y a probar tierras remotas;
sólo la Harpía Celeno nos canta un agüero distinto