La Eneida
La Eneida 365
que decir no se puede y anuncia tristes iras
y un hambre sucia), ¿qué peligros evito primero?
¿En busca de qué podría yo superar fatigas tan duras?"
Héleno entonces, tras matar unos novillos según el rito,
implora de los dioses la paz y las ínfulas suelta
370
de su cabeza sagrada y me lleva de la mano, Febo,
hasta tu puerta, sobrecogido por numen tan imponente,
y anuncia luego de su divina boca el sacerdote:
" "Hijo de la diosa (pues es evidente que tú navegas
con auspicios mayores; así echa a suertes el rey de los dioses
375
los hados y agita los cambios y este orden resulta),
poco de mucho te voy a aclarar con mis palabras, para que más seguro
recorras mares hospitalarios y arribes