La Eneida
La Eneida Asà les hablaba yo al partir, deshecho en lágrimas:
"Vivid felices, pues que vuestra fortuna se ha visto
ya cumplida: somos nosotros llamados de uno a otro destino.
A vosotros se os ha dado el reposo: no hay mar que debáis surcar,
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ni perseguirlos campos de Ausonia que están siempre
más lejos. Podéis verla imagen del Janto y una Troya
que han levantado vuestras manos, con mejores (deseo)
auspicios, y que menos fácil será para los griegos.
Si llego alguna vez al Tiber y del TÃber a los campos
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vecinos y contemplo las murallas destinadas a mi estirpe,
las ciudades un dÃa hermanas y los pueblos cercanos,
del Epiro y Hesperia (pues ambas tienen a Dárdano de padre