La Eneida
La Eneida volvemos los cabos de las veladas entenas y atrás dejamos
las moradas y los campos sospechosos de los griegos.
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Desde aquí puede verse el golfo de la Tarento (si cierta es la fama)
de Hércules, enfrente se alza la divina Lacinia,
y las rocas caulonias y el Escilaceo rompedor de naves.
Entonces aparece a lo lejos entre las olas el Etna trinacrio,
y el ingente gemido del mar y las rocas batidas
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escuchamos de lejos y voces quebradas nos llegan de la costa,
y se agitan los vados y la arena se revuelve en el remolino.
Y el padre Anquises: "Esto es, sin duda, aquella Caribdis: