La Eneida
La Eneida de nívea blancura, que pacían libremente por el campo.
Y el padre Anquises: "Guerra traes, tierra que nos recibes:
para la guerra se arman los caballos, guerra amenazan estas bestias.
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Pero desde hace tiempo a uncirse al carro están acostumbrados
los mismos cuadrúpedos y a llevar frenos concordes en el yugo:
también esperanza de paz", dice. Suplicamos entonces al santo numen
de Palas armisonante, la primera en recibir nuestro saludo,
y nos cubrimos las cabezas ante las aras con el frigio manto,
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y, según los preceptos que más nos señalara Héleno, cumplimiento
dimos a los honores debidos a la argiva Juno.
"Sin tardanza, realizados por orden los votos,