La Eneida
La Eneida o que me lanzase el padre omnipotente a las sombras con su rayo,
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a las pálidas sombras del Erebo y a la noche profunda,
antes, Pudor, que profanarte o romper los juramentos que te hice.
Aquél, el primero que con él me unió, se llevó mis amores;
que los tenga consigo y los guarde en su sepulcro."
Habló así, y llenó su regazo de impetuosas lágrimas.
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Responde Ana: "Oh, más querida para tu hermana que la luz,
¿te desgarrarás sola, afligida, en mocedad eterna,
sin conocer dulces hijos ni los presentes de Venus?
¿Crees que se preocupan de esto las cenizas o los Manes enterrados?
Sea: no pudo pretendiente alguno doblegarte