La Eneida
La Eneida de dos años escogidas según el rito, y a Febo y al padre Lieo,
y antes que a nadie a Juno, que cuida de los lazos conyugales.
La propia Dido, bellísima, con la pátera en la diestra
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vierte sus libaciones entre los cuernos de una blanca vaca,
o da vueltas junto a los pingües altares bajo la mirada de los dioses
y dedica el día a sus ofrendas y ansiosa consulta las entrañas
palpitantes de las víctimas en los pechos abiertos de los animales.
¡Ay, mentes ignorantes de los vates! ¿De qué sirven los votos
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al demente, de qué los templos? Sigue la llama devorando
las tiernas médulas y palpita en su pecho la herida, calladamente.