La Eneida
La Eneida Con estas palabras da la conversación por terminada y, afligida,
se aparta de las auras y se aleja, y se esconde de todas las miradas,
dejando a quien mucho dudaba de miedo y mucho se disponía
a decir. La recogen sus sirvientes y su cuerpo sin sentido
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levantan del lecho marmóreo y lo colocan en su cama.
Y el piadoso Eneas, aunque quiere con palabras de consuelo
mitigar su dolor y disipar sus cuitas,
entre grandes suspiros quebrado su ánimo por un amor tan grande,
cumple sin embargo con los mandatos de los dioses y revisa la
flota.
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Se esfuerzan entonces los teucros y arrastran al mar por toda
la costa las altas naves. Nada la quilla embreada,
traen de los bosques hojosos remos y maderos
toscos en su afán por huir.
Se les ve de un lado para otro ybajar de toda la ciudad,