La Eneida
La Eneida 400
como cuando arramplan las hormigas con su carga de farro
pensando en el invierno y la ponen en su refugio;
avanza por los campos el negro batallón y en angosto sendero
arrastra su botín entre las hierbas; unas los granos mayores
empujan con los hombros, otras cuidan la formación
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y azuzan a las retrasadas, hierve el camino entero con su trabajo.
¡Qué sentías entonces, Dido, al contemplar todo eso!
¡Qué gemidos no dabas al ver de lo alto de la muralla
hervir el litoral entero y animarse
ante tus ojos la llanura con tanto griterío!