La Eneida
La Eneida mientras mi suerte me enseña a soportar el dolor de la derrota.
Éste es el último favor que pido (ten piedad de tu hermana)
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y, si me lo concede, con creces se lo pagaré con mi muerte."
De esta manera suplicaba y tales llantos la desgraciada
hermana lleva yvuelve a llevar. Mas a él no hay lágrima
que lo conmueva ni quiere escuchar palabra alguna:
los hados se lo impiden y un dios le tapa los oídos imperturbables.
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Y como cuando de un lado y de otro los Bóreas alpinos
se pelean por arrancar la robusta encina de añoso tronco
con sus soplidos; braman, y las altas ramas
caen a tierra desde la copa golpeada;
ella, sin embargo, a las rocas se clava y tanto su punta eleva