La Eneida
La Eneida 445
a las auras etéreas como llega hasta el Tártaro con la raíz:
no de otro modo se ve batido el héroe de una y otra parte
con insistencia, y en lo hondo de su noble pecho siente las cuitas;
firme sigue su propósito, las lágrimas ruedan inanes.
Entonces, aterrorizada por su sino, la infeliz Dido
busca la muerte; odia contemplar ya la bóveda del cielo.
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Y para más animarse a sacar adelante su plan y abandonar la luz,
vio (horrible presagio), al dejar sus ofrendas sobre las aras
donde arde el incienso, que negros se ponían los líquidos sagrados
y sangre impura volverse los vinos libados;
y a nadie contó lo que había visto, ni a su hermana siquiera.
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Además, había en su casa de mármol un templo