La Eneida
La Eneida 470
como aparece Orestes en la escena, hijo de Agamenón,
cuando huye de su madre armada de antorchas y negras
serpientes y en el umbral están sentadas las Furias vengadoras.
Así que cuando, vencida por la pena, la invadió la locura
y decretó su propia muerte, el momento y la forma planea
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en su interior, y dirigiéndose a su afligida hermana
oculta en su rostro la decisión y serena la esperanza en su frente:
"He encontrado, hermana, el camino (felicítame)
que me lo ha de devolver o me librará de este amor.
Junto a los confines del Océano y al sol que muere
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está la región postrera de los etíopes, donde el gran Atlante
hace girar sobre su hombro el eje tachonado de estrellas:
de aquí me han hablado de una sacerdotisa del pueblo masilo,