La Eneida
La Eneida Mas no la fenicia de infeliz corazón, en ningún momento
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se abandona al sueño o acoge en sus ojos o en su pecho
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a la noche: se le doblan las penas y alzándose de nuevo
amor la mortifica y fluctúa en gran tormenta de ira.
Así vuelve a insistir y así da vueltas consigo en su corazón:
"¡Qué hago, ay! ¿He de servir de burla a mis antiguos
pretendientes? ¿Buscaré matrimonio suplicante entre los númidas,
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a quienes ya tantas veces desdeñé como maridos?
¿He de seguir si no a las naves de Ilión y las orgullosas
órdenes de los teucros? ¿Tal vez por la ayuda con la que les salvé
aún permanece en su memoria el agradecimiento por mi acción?