La Eneida
La Eneida Mas aun si así lo quiero, ¿quién lo permitirá y odiosa
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me acogerá en las naves soberbias? ¿Acaso no lo sabes, pobre de ti,
y no conoces aún los perjuicios del pueblo de Laomedonte?
¿Qué, entonces? ¿Acompañaré sola en su huida a los victoriosos marinos
o con los tirios y todo el apretado grupo de los míos
me dejaré llevar lanzando de nuevo a las aguas a cuantos a la fuerza
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arranqué de la ciudad sidonia y ordenaré dar velas al viento?
No, no. Muere, te lo has ganado, y aleja tu sufrir con la espada.
Tú vencida por mis lágrimas; tú, hermana mía, mi locura
cargas la primera de desgracias y me ofreces al enemigo.