La Eneida
La Eneida No he podido pasar mi vida sin bodas y sin culpa,
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como las fieras salvajes, sin probar cuitas tales;
no he mantenido la palabra dada a las cenizas de Siqueo."
Lamentos tan grandes rompía ella en su pecho:
Eneas, decidido a partir, en lo alto de su popa
gozaba sus sueños tras disponerlo todo según el rito.
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En sueños se le presentó la imagen del dios que volvía
con el mismo rostro y así de nuevo le pareció decir,
en todo semejante a Mercurio, en la voz y el color,
así como los rubios cabellos y el cuerpo de juventud adornado:
"Hijo de la diosa, ¿puedes dormir en una hora como ésta,
por más que ves el peligro acechar a tu alrededor,