La Eneida
La Eneida presurosos: "¡Atentos, amigos, y a los remos!
¡Soltad las velas, rápido! Que un dios ha llegado del alto cielo
a precipitarla marcha y las retorcidas amarras nos anima
de nuevo a desatar. Vamos tras de ti, santo dios,
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quienquiera que seas, y gozosos te obedecemos de nuevo.
AsÃstenos favorable y ayúdanos y ponnos los astros
propicios en el cielo." Dijo, y saca la espada de la vaina
relampagueante y corta con golpe preciso las sogas.
El mismo ardor se apodera de todos, y se lanzan y corren;
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dejaron las playas, se esconde el mar bajo las naves,
se esfuerzan en agitar la espuma y barren las olas azules.
Y ya la Aurora primera regaba las tierras con nueva claridad,
abandonando el lecho azafrán de Titono.