La Eneida
La Eneida las seguras costas de tu hermano Érice y los puertos sicanos,
si es que bien recuerdo y vuelvo a medir los astros ya observados."
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Y el piadoso Eneas: "En verdad así veo hace rato que lo piden
los vientos y que en vano te empeñas en su contra.
Dobla el camino a las velas. ¿Puede haber tierra más grata
para mí o a donde más quisiera llevar mis naves cansadas
que la que me guarda al dardanio Acestes
y abraza en su seno los huesos de mi padre Anquises?"
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Cuando dijo esto, a los puertos se dirigen y Céfiros propicios
les inflan las velas; avanza por las aguas rauda la flota,
y al fin gozosos arriban a la playa conocida.
Y a lo lejos desde la elevada cumbre de un monte se asombra
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