La Eneida
La Eneida cubrimos con tierra y consagramos altares afligidos;
y ya ha llegado el día, si no me engaño, que siempre por acerbo
y por honrado he de tener (así lo quisisteis, dioses).
Así exiliado lo pasara yo en la Sirtes getulas,
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o en el mar argólico atrapado o en la ciudad de Micenas,
votos anuales y, por orden, solemnes pompas
le rendiría y colmaría sus altares de presentes.
Mucho más hoy: a las cenizas y los huesos de mi propio padre
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hemos llegado, creo, en verdad no sin la intención de los dioses
ni sin su numen y se nos ha hecho entrar en un puerto amigo.
Así que ánimo y celebremos todos alegre ceremonia:
invoquemos a los vientos, y ojalá él me acepte todos los años