La Eneida
La Eneida Dicho esto cubre con el mirto materno sus sienes.
Así hace Hélimo, así Acestes por la edad maduro,
así el niño Ascanio, y les sigue toda la juventud.
Él desde la asamblea con muchos millares se dirigía
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al túmulo, en el centro de numerosa compañía.
Aquí libando según el rito dos copas de vino puro
las vertió en tierra, dos de leche nueva, dos de sangre consagrada,
y esparce flores purpúreas, y esto dice:
"Salve, sagrado padre, de nuevo; salve, cenizas en vano
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recobradas, y ánimas y sombras paternas.
No se me concedió buscar contigo los territorios ítalos
ni los campos del destino ni, dondequiera que esté, el Tiber ausonio."
Así había dicho, cuando una lúbrica serpiente del hondo recinto